¿Cuál es la cantidad ideal de calostro? | Dellait

Álvaro García

En la vida de un ternero lechero, ninguna decisión de manejo tiene un impacto tan inmediato y decisivo sobre su salud, supervivencia y productividad futura como la administración del calostro. Al nacer, el ternero carece prácticamente de anticuerpos circulantes y depende de la absorción intestinal de la inmunoglobulina G (IgG) del calostro durante sus primeras horas de vida para adquirir una protección inmunitaria. Cuando esta transferencia de inmunidad pasiva es insuficiente, aumenta significativamente el riesgo de diarrea, de padecer enfermedades respiratorias, la necesidad de tratamiento con antimicrobianos y la mortalidad en las primeras etapas de vida.

Las recomendaciones sobre el manejo del calostro se basan en tres principios básicos: el momento de la administración, la calidad y la cantidad. Mientras que los dos primeros están cada vez más controlados en las explotaciones, el volumen recomendado para la primera toma sigue sin estar estandarizado. Algunas granjas administran un volumen fijo (3 o 4 litros), mientras que otras ajustan la cantidad en función del peso corporal del ternero, normalmente entre el 8 y el 12 %. Esto plantea una pregunta práctica importante: ¿administrar un mayor volumen de calostro en una sola toma mejora siempre los resultados?

Últimos estudios

En un estudio publicado recientemente en el Journal of Dairy Science, investigadores de la Universidad de Cornell evaluaron el consumo de calostro en terneros Holstein en función del porcentaje del peso corporal en una gran explotación lechera comercial. El diseño experimental permitió aislar el efecto del volumen administrado, manteniendo constantes el resto de variables. Los terneros recibieron una sola toma de calostro dentro de las dos primeras horas tras el nacimiento, equivalente al 6 %, 8 %, 10 % o 12 % de su peso corporal, lo que supuso desde algo más de 2 litros en las tomas de menor volumen hasta casi 5 litros en las de mayor volumen, cubriendo así las cantidades comúnmente utilizadas en las explotaciones.

Todos los terneros recibieron calostro de buena calidad, previamente analizado, sometido a tratamiento térmico, congelado y atemperado cuidadosamente antes de su administración. Además, el uso de calostro mezclado en todos los grupos permitió atribuir las diferencias observadas principalmente al volumen administrado. Todas las tomas se realizaron mediante sonda esofágica, lo que garantizó que cada ternero recibiera la cantidad asignada, independientemente de su capacidad de succión o de su disposición a beber. Los investigadores evaluaron los resultados según tres aspectos clave:

  1. transferencia de inmunidad pasiva,
  2. digestión y vaciamiento gástrico, y
  3. comportamiento del ternero tras la toma.

Como era de esperar, al aumentar la cantidad de calostro, también aumentó el porcentaje total de IgG que recibió el ternero. Las concentraciones séricas de IgG medidas 24 horas después de la toma, aumentaron de forma notable cuando la cantidad administrada pasó del 6 % al 8 % del peso corporal. Sin embargo, el incremento fue mucho menor cuando el volumen superó el 8 –10 %.

Los terneros que recibieron menos calostro lograron con menor frecuencia una transferencia pasiva óptima. En cambio, aproximadamente el 95 % de los terneros alimentados con el 8 % del peso lograron una transferencia excelente. Aumentar el volumen hasta el 12 % solo produjo un pequeño incremento adicional de la IgG en sangre respecto al 10 %, lo que indica que, más allá de cierto punto (10 %), incrementar la cantidad de calostro no se traduce en mejoras proporcionales de la inmunidad.

La eficiencia de absorción disminuye a medida que aumenta el volumen de la toma

Aunque las tomas de mayor volumen aportan más IgG, la proporción que el ternero logra absorber disminuye a medida que aumenta la cantidad administrada. Dicho de otro modo, a más volumen, menor eficiencia de absorción. El aparato digestivo del ternero no está preparado para procesar de forma eficiente una única toma excesivamente grande, pero cantidades demasiado pequeñas de calostro no aportan suficiente IgG como para asegurar una inmunidad consistente. Por tanto, el éxito no pasa por maximizar ninguno de estos dos factores por separado, sino por encontrar el equilibrio entre la cantidad administrada y la capacidad de absorción del animal.

Los parámetros digestivos mostraron que unos volúmenes más elevados de calostro tardaron más en abandonar el estómago y progresar hacia el intestino. Este vaciamiento gástrico más lento probablemente limitó la cantidad de IgG que llegó al intestino delgado durante el intervalo en el que la absorción es más eficaz. Como el periodo de absorción de la IgG en el ternero recién nacido es limitado, cualquier retraso en ese tránsito se traduce directamente en una menor eficiencia, lo que explica el patrón observado al aumentar el volumen de la toma.

Los signos de malestar aparecen solamente con los volúmenes más altos

En general, no se observaron diferencias en los patrones de actividad entre los distintos volúmenes administrados. Sin embargo, en los grupos que recibieron mayores cantidades se observó un comportamiento claro: patadas dirigidas al abdomen, un comportamiento asociado a molestias abdominales como el cólico. Este comportamiento no se observó en los terneros que recibieron el 6 % o el 8 % del peso corporal, apareció en algunos animales alimentados con el 10 % y fue más frecuente en los que recibieron el 12 %. Además, la regurgitación durante la administración con sonda se observó únicamente en los terneros que recibieron mayores cantidades de calostro. Estos resultados apuntan a que una sola toma de gran volumen puede causar distensión abdominal y malestar en algunos animales, incluso cuando la transferencia de inmunidad es la adecuada.

En conjunto, los resultados reflejan un claro compromiso biológico:

  • Una cantidad insuficiente de calostro limita la protección inmunitaria, incluso cuando la absorción es eficiente.
  • Un exceso de calostro en una sola toma reduce la eficiencia de la absorción, ralentiza la digestión y aumenta la probabilidad de malestar, sin aportar beneficios inmunitarios relevantes.

Implicaciones prácticas para las explotaciones

Cuando el calostro es de buena calidad y se suministra de forma temprana y consistente, este estudio respalda fijar la primera toma entre el 8 y el 10 % del peso corporal al nacimiento. En terneros Holstein, esto equivale aproximadamente a:

  • Ternero de 32 kg: 2,5 –3,2 L
  • Ternero de 36 kg: 2,9 –3,6 L
  • Ternero de 40 kg: 3,2 –4,0 L
  • Ternero de 45 kg: 3,6 –4,5 L
  • Ternero de 50 kg: 4,0 – 5,0 L

Este enfoque permite evitar tanto el aporte insuficiente de calostro en los animales más pequeños como la sobrecarga del abomaso que puede producirse al administrar un volumen fijo de 4 litros. Además, los resultados confirman que el suministro mediante sonda esofágica no es perjudicial en sí mismo: el malestar observado estuvo relacionado con el volumen administrado, no con el método. Ajustar la cantidad al tamaño del ternero permite utilizar la sonda de forma segura y eficaz.

Conclusión

Una buena gestión del calostro no consiste en administrar la mayor cantidad posible, sino en aportar suficiente IgG de forma temprana y en condiciones que el ternero pueda absorber y tolerar eficazmente.

  • El 6 % del peso corporal suele ser insuficiente, incluso con un manejo excelente.
  • El 12 % del peso corporal suele ser innecesario y puede comprometer la eficiencia y el bienestar.
  • El 8–10 % del peso corporal ofrece el mejor equilibrio entre inmunidad, digestión y bienestar del ternero.

En aquellas explotaciones que ya tienen bien controlados el momento de la administración y la calidad del calostro, ajustar el volumen al tamaño del ternero es el siguiente paso lógico hacia programas de recría con una base biológica más sólida.

Las referencias bibliográficas empleadas en este artículo están disponibles a solicitud.

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