El gasto energético oculto del desplazamiento en los sistemas lecheros en pastoreo | Dellait

Álvaro García

En los sistemas de producción lechera de pastoreo, el desplazamiento, el pastoreo y, en general, el hecho de moverse por el terreno implican un gasto energético para las vacas lecheras que a menudo se subestima. El marco clásico para estimar estas necesidades procede de la publicación Nutrient Requirements of Dairy Cattle (NRC, 2001), en la que se establecen incrementos energéticos específicos para el desplazamiento en terreno llano y en pendiente. Aunque estos valores siguen siendo la referencia formal utilizada en los sistemas de formulación de raciones, la evidencia acumulada en la última década, sobre todo a partir de los estudios realizados en Uruguay, Nueva Zelanda e Irlanda, sugiere que el NRC subestima el gasto energético real asociado a la locomoción en el pastoreo.

Desplazamientos entre la sala de ordeño y la parcela

Según el NRC (2001), cada kilómetro que las vacas recorren en terreno llano requiere aproximadamente 0,00045 Mcal de energía neta de lactancia (ENL) por kilogramo de peso. Esto significa que una vaca Holstein de 600 kg gasta alrededor de 0,27 Mcal de ENL por kilómetro recorrido, una cifra que va aumentando rápidamente dado el número de trayectos que se realizan a lo largo del día en los sistemas de pastoreo. Una vaca que camina 2 km al día gasta algo más de media mega caloría, mientras que si recorre de 4 a 6 km diarios puede superar una mega caloría. El propio NRC señala que el coste energético de desplazamiento no depende únicamente del peso corporal y de la distancia recorrida; la presencia de pendientes incrementa las necesidades energéticas, ya que un desplazamiento ascendente exige un trabajo muscular considerablemente superior al de un desplazamiento en terreno llano.

No obstante, estos valores se obtuvieron a partir de unos ensayos realizados en condiciones controladas, normalmente mediante el uso de cintas de marcha, que presuponen superficies regulares, ritmos constantes y patrones de locomoción uniformes. En las explotaciones reales, los caminos pueden estar embarrados, las puertas de acceso pueden ralentizar el avance o provocar acumulaciones de animales, y puede haber varias pendientes a lo largo del recorrido diario. Todo esto provoca irregularidades en las pisadas y en el equilibrio, y obliga a las vacas a realizar ajustes posturales continuos, estabilizar las articulaciones o modificar la velocidad de la marcha. Por este motivo, aunque el NRC proporciona una base de referencia imprescindible, tiende a subestimar el coste energético real del desplazamiento en los sistemas de pastoreo comerciales.

El desplazamiento dentro de la parcela: el pastoreo como actividad energética

El pastoreo no es una actividad estática. Las vacas no permanecen inmóviles mientras consumen forraje, sino que se desplazan de forma continua dentro de la parcela para seleccionar bocados de distinta altura, densidad y grado de madurez. El NRC reconoce que, en comparación con los sistemas de estabulación, el pastoreo incrementa el gasto energético, pero no cuantifica este incremento de forma específica, sino que lo integra dentro de una categoría general de «actividad».

Los estudios realizados en los últimos años en Uruguay, en especial los de Talmón et al., han permitido cuantificar con mayor precisión este gasto energético asociado al pastoreo mediante metodologías modernas. En su estudio de 2025 se utilizó la pulsioximetría (técnica de pulso de oxígeno-frecuencia cardíaca) para estimar la producción de calor durante actividades concretas, como el reposo el estar tumbadas, la rumia, el pastoreo y los desplazamientos hacia y desde la parcela, en vacas alimentadas con distintos tipos de pastos. El pastoreo supuso un gasto aproximado de 6,6-7,8 kJ/kg^0,75 por hora (0,00158-0,00186 Mcal de ENL/kg^0,75 por hora), superior al registrado durante el reposo o la rumia, mientras que el desplazamiento en sí, a una velocidad de unos 3 km/h, alcanzó valores en torno a los 24 kJ/kg^0,75 por hora (0,00574 Mcal de ENL/kg^0,75 por hora). Estos resultados indican que la energía diaria destinada a los movimientos asociados al pastoreo es mayor que la asignación general propuesta por el NRC. La estructura del pasto también influye en este gasto energético. Los pastos densos y homogéneos, con una elevada proporción de hoja frente a tallo, permiten a las vacas obtener bocados de mayor tamaño moviéndose menos, lo que reduce el coste energético de locomoción por kilogramo de materia seca consumida. Por el contrario, los pastos ralos, heterogéneos o con un elevado grado de madurez, algo habitual al final de una rotación de pastoreo o durante periodos de sequía, obligan a las vacas a recorrer mayores distancias para obtener la misma cantidad de alimento, lo que incrementa el gasto energético. Diversos estudios de monitorización del comportamiento han mostrado que las vacas que recorren mayores distancias, de camino a la sala de ordeño o dentro de la parcela, dedican más tiempo al pastoreo y menos a la rumia, lo que refleja una reorganización del uso del tiempo provocada por una mayor demanda de actividad.

Influencia de las condiciones medioambientales en el gasto energético

Además de la distancia recorrida y de la estructura del forraje, las condiciones medioambientales modifican el gasto energético del desplazamiento. Los caminos embarrados aumentan la resistencia al avance y reducen la adherencia, obligando a las vacas a dar zancadas más cortas con un mayor esfuerzo muscular. Los suelos mojados o resbaladizos favorecen la aparición de movimientos correctivos que incrementan el consumo de oxígeno. Las temperaturas elevadas suman el estrés térmico al calor generado por la actividad muscular, mientras que las condiciones frías y húmedas elevan tanto el metabolismo basal como la energía necesaria para caminar.

Aunque estos factores no se cuantifican de forma explícita en el NRC, los estudios de campo ponen de manifiesto su relevancia. Las investigaciones que han monitorizado la actividad y la rumia en vacas que recorren hasta 4 km diarios muestran que los desplazamientos más largos se asocian con una reducción del tiempo de rumia y con modificaciones en los patrones de decúbito, lo que demuestra que la carga energética y medioambiental acumulada es suficiente para alterar comportamientos esenciales para la salud y la producción.

Evidencia metabólica sobre las mayores exigencias energéticas en los sistemas de pastoreo

Los estudios fisiológicos aportan información adicional. Las investigaciones sobre el metabolismo hepático en las vacas en pastoreo, como los realizados por García-Roche et al., muestran que las vacas en sistemas intensivos, donde deben desplazarse y dedicar más tiempo a alimentarse, presentan, al inicio de la lactación, diferencias en la acumulación de triglicéridos hepáticos, en la función mitocondrial y en las vías de oxidación de ácidos grasos en comparación con las vacas alimentadas principalmente con raciones totalmente mezcladas (TMR). Estas diferencias metabólicas sugieren que las vacas en pastoreo no solo presentan un mayor gasto energético asociado al desplazamiento, sino que están sometidas a presiones fisiológicas propias de este sistema de manejo, como unas tasas de consumo variables, una calidad del forraje cambiante y exigencias continuas de locomoción.

El NRC frente a la evidencia reciente

El marco científico del NRC ofrece un método sencillo y homogéneo para estimar la actividad, y sus valores de locomoción siguen utilizándose de forma generalizada en los sistemas de alimentación mundiales. Sin embargo, se desarrolló a partir de unos estudios realizados en condiciones controladas, sin incorporar la complejidad inherente a los sistemas reales de pastoreo. La investigación de campo más reciente sugiere que las necesidades de mantenimiento de las vacas en pastoreo pueden estar infravaloradas por el NRC en un 20–25 % o incluso más, en función del terreno, la distancia recorrida, la densidad del pasto y las condiciones medioambientales.

A la hora de formular las raciones, estas diferencias tienen consecuencias. Subestimar las necesidades energéticas de mantenimiento puede situar a las vacas en un balance energético negativo, reducir la producción de leche, comprometer la condición corporal o afectar a la fertilidad, sobre todo cuando las vacas recorren largas distancias o pastan forrajes maduros. La incorporación de unos valores actualizados, como los propuestos por Talmón et al., o ajustar los coeficientes de actividad del NRC a las condiciones específicas de cada explotación permitirían mejorar tanto la productividad como el bienestar animal.

Implicaciones prácticas para la alimentación de vacas lecheras en pastoreo

La actualización del gasto energético asociado al desplazamiento y al pastoreo permite realizar ajustes en la asignación de los concentrados en las granjas, de modo que se adecuen mejor a las verdaderas exigencias de la actividad de las vacas en pastoreo. Aunque las necesidades exactas varían en función del peso corporal, la estructura del pasto y las condiciones medioambientales, los siguientes ejemplos ofrecen estimaciones prácticas y razonables para una vaca Holstein de 600 kg en mitad de la lactación.

Aporte adicional de concentrado por kilómetro recorrido

Según las estimaciones del NRC (2001):

  • 0,27 Mcal de ENL por km para una vaca de 600 kg.

Los datos obtenidos en condiciones de campo indican que el NRC infraestima este gasto en torno a un 20–25 %, por lo que una estimación más ajustada sería:

  • 0,32-0,34 Mcal de ENL por km en condiciones reales de pastoreo.

Regla práctica

  • Añadir 0,3-0,35 Mcal de ENL adicionales (≈ 0,20-0,25 kg de un concentrado estándar) por cada kilómetro recorrido.

Ejemplos:

  • 2 km/día: +0,4-0,5 kg de concentrado
  • 4 km/día: +0,8-1,0 kg de concentrado
  • 6 km/día: +1,2-1,5 kg de concentrado

Las vacas que recorren largas distancias hasta la sala de ordeño o hacia los puntos de agua suelen necesitar 1 kg adicional al día o incluso más.

Ajustes en función de la densidad del pasto (pasto ralo frente a pasto abundante)

Los datos de Talmón muestran que los pastos ralos o con un elevado grado de madurez incrementan el gasto energético del pastoreo, ya que las vacas deben recorrer mayores distancias para obtener la misma cantidad de alimento y dan más pasos entre bocado y bocado.

Diferencias estimadas:

  • Pasto abundante y denso: gasto energético ≈ valor de referencia
  • Pasto de densidad media: 5–10 % de gasto energético
  • Pasto ralo, heterogéneo o maduro: 10–20 % de gasto energético

Regla práctica

  • Añadir 0,3-0,5 kg de concentrado/día en pastos de densidad media.
  • Añadir 0,6–1,0 kg de concentrado/día en pastos ralos o maduros.

Cuando la calidad del pasto se deteriora (final de la rotación, parada estival), puede ser necesario aumentar este aporte hasta 1,2 kg.

Condiciones medioambientales (calor, barro y pendientes)

Barro

  • Eleva el gasto energético del desplazamiento entre un 20 y un 40 %, según la profundidad y la pérdida de adherencia.
  • Añadir 0,3-0,6 kg de concentrado/día en las épocas donde los caminos vayan a estar embarrados.

Estrés térmico (ITH > 68)

  • Las vacas reducen el tamaño del bocado y aumentan la carga térmica corporal, lo que se traduce en más pasos para obtener la misma cantidad de pasto.
  • El gasto energético aumenta aproximadamente un 10-15 %.
  • Añadir 0,2-0,4 kg de concentrado/día durante las épocas de estrés por calor.

Condiciones frías y húmedas

  • Se elevan las necesidades de mantenimiento entre un 10 y un 20 %.
  • Añadir 0,3-0,6 kg de concentrado/día durante las épocas de lluvias o en invierno.

Pendientes

  • El NRC señala que las pendientes aumenta de forma muy notable el gasto energético:
    • Caminar cuesta arriba requiere entre 2 y 3 veces más ENL que el desplazamiento en terreno llano.
  • En explotaciones con pendientes pronunciadas, añadir 0,5–1,0 kg de concentrado/día.

Uso práctico en una granja

  1. Hacer una estimación de los kilómetros que recorren las vacas al día, mediante collares con GPS, mapas o mediciones temporales (las vacas caminan aproximadamente a unos 3 km/h).
  2. Evaluar diariamente la calidad del pasto.
  3. Comprobar los factores medioambientales que puedan modificar el gasto energético (barro, calor, frío).
  4. Ajustar el aporte de concentrados de forma progresiva, en incrementos de 0,2-0,3 kg, para evitar trastornos digestivos.

Estos ajustes contribuyen a prevenir el balance energético negativo, proteger la fertilidad y mantener una producción de leche estable, sobre todo al inicio de la lactación, cuando las vacas tienen que andar mucho o las condiciones de pastoreo son exigentes.

Conclusión

El desplazamiento y el propio pastoreo suponen un gasto energético significativo y cuantificable de las vacas que con frecuencia se subestima. El NRC (2001) ofrece una base de referencia fundamental para estimar este coste, pero los sistemas reales de pastoreo se ven afectados por factores medioambientales, conductuales y metabólicos que superan las asignaciones originales. Las investigaciones más recientes, sobre todo la realizadas en regiones con una fuerte base de pastoreo, como Uruguay, ofrecen unas estimaciones más ajustadas a la realidad productiva. Integrar estos valores en la gestión nutricional es fundamental para proteger el rendimiento productivo, la salud y el bienestar de las vacas en los sistemas lecheros de pastoreo modernos.

Las referencias bibliográficas empleadas en este artículo están disponibles a solicitud.

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