Álvaro García
Conocer el tipo y la calidad de las fuentes de lípidos es clave para evaluar el valor nutricional y la viabilidad económica de las dietas del ganado vacuno. A la hora de incorporar grasas en la alimentación de los rumiantes, es necesario considerar factores como la digestibilidad, el perfil de ácidos grasos, la estabilidad frente a la oxidación y las interacciones con la microbiota intestinal. Además, aspectos prácticos como la susceptibilidad a la rancidez, la estabilidad durante el almacenamiento y las condiciones ambientales, incluidas las fluctuaciones de temperatura que afectan a la manipulación de la grasa, también desempeñan un papel clave en el mantenimiento de la calidad de los alimentos y la optimización del rendimiento animal.
A diferencia de los animales monogástricos, los rumiantes dependen de la fermentación microbiana que se produce en el rumen, donde un exceso de grasas insaturadas puede alterar las poblaciones microbianas. Esta alteración puede afectar a la digestión de la fibra y, en el caso de las vacas lecheras, contribuir a la reducción del contenido de grasa en la leche. El problema es que los ácidos grasos insaturados resultan tóxicos para muchos microorganismos del rumen, especialmente para las bacterias celulolíticas, esenciales en la descomposición de la fibra. Por ello, es fundamental equilibrar el tipo de grasa y su nivel de inclusión en la dieta para evitar efectos negativos en el funcionamiento del rumen, al tiempo que se aumenta la densidad energética de la alimentación del ganado.
Grasas bypass
También conocidas como grasas inertes, están formuladas para evitar la fermentación en el rumen y ser absorbidas directamente en el intestino delgado. Son especialmente beneficiosas en vacas lecheras, cuya demanda energética es mayor, sobre todo en las primeras fases de la lactación. Además de mejorar el rendimiento lechero, las grasas bypass desempeñan un papel clave en la eficiencia reproductiva. El déficit energético es uno de los principales factores que afectan a la fertilidad de las vacas lecheras, provocando retrasos en la ovulación y bajas tasas de concepción. La suplementación con grasas bypass ayuda a reducir el balance energético negativo en el posparto, lo que acorta el tiempo hasta la primera ovulación. También favorece la producción de progesterona, mejorando la viabilidad embrionaria y el éxito reproductivo en general, con el consiguiente aumento en las tasas de concepción. Otra ventaja destacada de la suplementación con grasas bypass es su impacto en la condición corporal y la salud metabólica. Las vacas lecheras de alta producción necesitan una fuente de energía concentrada, y las grasas bypass se la proporcionan sin aumentar el riesgo de acidosis ni los trastornos digestivos asociados a dietas con un exceso de almidón.
Aunque las necesidades energéticas del ganado bovino de carne son menores que las de las vacas lecheras de alta producción, la suplementación con lípidos puede aportar beneficios significativos. Añadir grasas a la dieta mejora la eficiencia alimentaria al optimizar la conversión del alimento, especialmente en dietas de engorde, donde es fundamental aumentar la densidad energética. Además, está demostrado que la suplementación con ácidos grasos mejora la calidad de la canal al incrementar el marmoleo y la terneza de la carne, lo que eleva su valor comercial. En climas cálidos, la inclusión de grasas en la alimentación puede mitigar los efectos del estrés térmico. Al sustituir parte del almidón por grasa, se reduce la producción metabólica de calor, permitiendo que el ganado mantenga su rendimiento incluso en periodos de altas temperaturas. Todos estos beneficios ponen de relieve la importancia de una suplementación con lípidos bien equilibrada en la alimentación del ganado bovino.
No obstante, a pesar de estos beneficios, la suplementación con lípidos también presenta ciertos inconvenientes. Si no se gestiona adecuadamente, el exceso de grasas insaturadas puede alterar la fermentación ruminal y reducir el contenido de grasa en la leche. Además, el factor económico es un aspecto clave, ya que las grasas bypass suelen ser más costosas que otras fuentes de grasa convencionales, lo que exige una evaluación detallada de su rentabilidad. Otro aspecto a considerar es la variabilidad en la calidad y composición de las distintas fuentes de grasa, que puede influir en su eficacia en la alimentación, ya que las diferencias en su consistencia y estabilidad pueden afectar al rendimiento del ganado.
¿Qué cantidad hay que suministrar?
A la hora de formular las dietas para vacas lecheras, es fundamental controlar el contenido de grasa para optimizar la producción de leche sin comprometer la salud del rumen. En general, el contenido total de grasa en la dieta no debe superar el 6-7% de la materia seca, con el fin de evitar efectos negativos sobre la digestión de la fibra y la función ruminal. Dentro de este margen, la grasa bypass, o grasa protegida del rumen, puede incorporarse estratégicamente para aumentar la densidad energética sin alterar la actividad microbiana del rumen. Estas grasas están diseñadas para resistir la degradación ruminal y ser digeridas directamente en el intestino delgado, proporcionando una fuente de energía eficiente. Por lo general, la suplementación con grasas bypass varía entre el 0,5% y el 2% del consumo de materia seca, dependiendo del nivel de producción de la vaca y sus necesidades energéticas, especialmente durante los picos de lactación o en períodos de balance energético negativo. No obstante, un exceso de grasas bypass puede reducir el consumo de materia seca y afectar a la absorción de nutrientes, por lo que es clave encontrar un equilibrio adecuado entre el aporte energético y la salud del rumen al diseñar la dieta.
Suplementación estratégica por paridad
Administrar grasa bypass según la paridad puede aportar ventajas significativas, ya que las demandas energéticas, las prioridades metabólicas y los desafíos reproductivos varían entre vacas primíparas y multíparas. Las primíparas afrontan el doble reto de mantener tanto el crecimiento como la producción de leche, a menudo con una menor capacidad de consumo de materia seca en comparación con las vacas de más edad. Esto aumenta el riesgo de un balance energético negativo, especialmente al inicio de la lactación. Incluir grasa bypass en su dieta les proporciona una fuente de energía concentrada sin incrementar el volumen de alimento, lo que ayuda a cubrir sus necesidades energéticas de manera más eficiente. Este aporte no solo favorece un crecimiento continuo, sino que también contribuye a mantener la condición corporal y a reactivar los ciclos reproductivos tras el parto. Además, las grasas bypass ayudan a reducir el estrés metabólico al suministrar energía sin aumentar el riesgo de acidosis ruminal, un problema frecuente en dietas ricas en almidón.
Por otro lado, las vacas multíparas, con un mayor potencial de producción de leche y una mayor capacidad de consumo de materia seca (CMS), presentan una dinámica energética diferente. Estas vacas suelen enfrentar déficits energéticos significativos al inicio de la lactación, ya que su organismo prioriza alcanzar el pico de producción de leche. En este contexto, las grasas bypass desempeñan un papel clave al proporcionar la energía adicional necesaria para sostener niveles elevados de producción. Además, dado que las multíparas son más propensas a perder condición corporal en esta etapa, la inclusión de grasas bypass ayuda a reducir la movilización excesiva de reservas corporales, disminuyendo el riesgo de trastornos metabólicos como la cetosis y favoreciendo una mejor recuperación postparto. Asimismo, la energía aportada por las grasas bypass contribuye a equilibrar el perfil hormonal, lo que mejora el desempeño reproductivo, favoreciendo tasas más altas de ovulación y concepción.
Grasas bypass comercializadas
Una de las fuentes de grasa bypass más utilizadas en el mercado son las sales de calcio de ácidos grasos. Estas se obtienen a partir de la reacción de ácidos grasos, generalmente derivados del aceite de palma, con calcio, formando sales insolubles. El resultado es un producto seco y granulado, fácil de incorporar en las raciones mixtas totales (TMR, por sus siglas en inglés). Las sales de calcio se destacan por su alta densidad energética y su mínimo impacto en la fermentación ruminal. Son particularmente efectivas para incrementar la producción de leche y el contenido de grasa butírica. No obstante, un suministro excesivo puede reducir el consumo de materia seca (CMS), por lo que es fundamental mantener un equilibrio adecuado en la dieta. Entre las marcas comerciales más reconocidas de sales de calcio se encuentran Megalac® y Megafat®.
Otra opción muy utilizada son las grasas saturadas, que se obtienen mediante la hidrogenación de aceites vegetales, como los de palma o soja, y su transformación en pequeños gránulos sólidos. Su punto de fusión es elevado, generalmente superior a los 54 °C, lo que las hace inertes en el rumen. Son fáciles de manipular y mezclar con las raciones, y se destacan por su eficacia para aumentar la densidad energética sin afectar negativamente a la actividad microbiana del rumen. Este tipo de grasas se utiliza principalmente para aumentar la producción de grasa láctea, pero dado que contienen menos ácidos grasos insaturados, su uso exclusivo podría no favorecer completamente el rendimiento reproductivo. Algunos ejemplos de productos de grasa comprimida son Energy Booster® y Golden Flake®.
Los destilados de ácidos grasos, otra opción disponible en el mercado, son subproductos del refinado de aceites vegetales, generalmente derivados del aceite de palma o de soja. Este tipo de ácido contiene una mezcla de ácidos grasos libres y triglicéridos, y suele tener una apariencia cerosa o semisólida. Su principal atractivo radica en su rentabilidad, lo que los convierte en una fuente de energía económica. Sin embargo, su composición de ácidos grasos puede variar, lo que puede resultar en un rendimiento desigual. Además, al ser menos puros, pueden afectar a la digestibilidad y la disponibilidad de energía.
Si el objetivo es mejorar el rendimiento reproductivo y la función inmunitaria de las vacas, las grasas insaturadas protegidas del rumen representan una opción interesante. Estas grasas, ricas en ácidos grasos omega-3 y omega-6, están recubiertas o tratadas químicamente para resistir la biohidrogenación ruminal, lo que permite que los ácidos grasos insaturados lleguen intactos al intestino delgado. Suplementar la dieta del ganado con estas grasas puede mejorar la producción de leche, la fertilidad y la salud general. En esta categoría, los productos a base de aceite de pescado son ejemplos comunes. Aunque estos tipos de grasas ofrecen beneficios notables, suelen ser más caros que las fuentes de grasas saturadas.
Otra grasa bypass ampliamente utilizada proviene de las grasas inertes en el rumen derivadas del aceite de palma fraccionado, que consisten en ácidos grasos saturados de cadena larga, especialmente el ácido palmítico (C16:0). Estos productos suelen presentarse en forma de gránulos o escamas y son conocidos por su capacidad para aumentar el contenido de grasa de la leche y favorecer la condición corporal de las vacas lecheras de alta producción. Sin embargo, en el caso de las vacas al inicio de la lactación, cuando las necesidades energéticas y el estrés metabólico son más elevados, es fundamental equilibrar estas grasas con otras fuentes de nutrientes para evitar un balance energético negativo. Entre los productos más populares de esta categoría se encuentran EnerGII® y Nutri-Palmitic®.
Problemas con la rancidez y el almacenamiento
Aunque las grasas bypass ofrecen diversas ventajas nutricionales, es igualmente importante controlar su estabilidad durante el almacenamiento para mantener la calidad del alimento. Es necesario tener precaución al añadir aceite a las dietas del ganado, especialmente grasas bypass o insaturadas, ya que son más susceptibles a la oxidación lipídica. Este proceso, conocido como peroxidación, ocurre cuando los ácidos grasos insaturados reaccionan con el oxígeno, lo que da lugar a la formación de hidroperóxidos lipídicos, que posteriormente se descomponen en compuestos secundarios nocivos, como aldehídos, cetonas y ácidos grasos de cadena corta. Estos subproductos pueden generar olores y sabores rancios, lo que no solo reduce la palatabilidad de los alimentos, sino que también supone un riesgo potencial para la salud y afecta a la calidad de los nutrientes. El proceso de peroxidación se desarrolla en tres etapas:
- Inicio – Cuando los ácidos grasos insaturados reaccionan con el oxígeno, se generan radicales lipídicos y, a su vez, radicales libres. Esta reacción generalmente está catalizada por elementos como el hierro y el cobre, o bien por la exposición al calor, la luz y la humedad.
- Propagación – Los radicales lipídicos reaccionan con el oxígeno, formando hidroperóxidos lipídicos. Estos compuestos son inestables y siguen generando más radicales, acelerando así el proceso de oxidación.
- Finalización – La reacción de oxidación se detiene cuando todas las moléculas reactivas han sido completamente oxidadas o cuando los antioxidantes neutralizan los radicales libres.
Cuando los hidroperóxidos lipídicos se descomponen, se forman aldehídos, cetonas y otros compuestos secundarios de la oxidación que pueden afectar negativamente la salud animal. Los aldehídos, por ejemplo, pueden dañar las membranas celulares y las proteínas, lo que genera estrés oxidativo e inflamación. Además, se sabe que el malondialdehído (MDA) afecta al crecimiento y la función inmunitaria. Las cetonas, por su parte, son responsables del olor rancio de las grasas oxidadas, lo que disminuye la palatabilidad y reduce el consumo de alimento. Además, los ácidos grasos de cadena corta formados durante la peroxidación pueden alterar la salud intestinal y la digestión, lo que compromete aún más el rendimiento general de los animales.
Son varios los factores ambientales y de gestión que influyen en la tasa de peroxidación. La exposición al oxígeno juega un papel decisivo, ya que la oxidación necesita oxígeno para ocurrir, por lo que un almacenamiento adecuado es esencial para minimizar el deterioro. El calor y la luz también aceleran las reacciones de oxidación, siendo las altas temperaturas y la luz ultravioleta (UV) factores clave en el proceso de descomposición. Además, la humedad favorece la rancidez hidrolítica, lo que compromete aún más la calidad del alimento. Por otro lado, los prooxidantes, como los minerales traza, como el hierro y el cobre, actúan como catalizadores de la oxidación lipídica, empeorando la estabilidad de los lípidos y aumentando el riesgo de pérdida de nutrientes.
La suplementación con lípidos en las dietas de rumiantes, especialmente con grasas bypass, juega un papel crucial en la mejora de la eficiencia productiva, el rendimiento reproductivo y la salud general de los animales. Las vacas lecheras, debido a sus altas demandas energéticas, se benefician notablemente de las fuentes de grasa bypass, que proporcionan energía adicional sin alterar la fermentación ruminal, favoreciendo tanto la producción de leche como el éxito reproductivo. Al incorporar estratégicamente las grasas en la dieta, los ganaderos pueden optimizar la producción lechera, mejorar la fertilidad y mantener la condición corporal, todo mientras minimizan el riesgo de trastornos metabólicos como la cetosis.
Aunque las demandas energéticas del ganado vacuno de carne son menores que las de las vacas lecheras, la suplementación con grasa sigue siendo beneficiosa. Entre sus principales ventajas se encuentran el aumento de la eficiencia alimenticia, la mejora de la calidad de la canal y la reducción de los efectos del estrés térmico, lo que contribuye a un mejor rendimiento en el crecimiento y a un mayor retorno económico. Sustituir parte del almidón de la dieta por grasa en las raciones de engorde puede disminuir la producción de calor metabólico, lo que ayuda a los animales a mantener el consumo de alimento y la ganancia de peso durante los períodos más calurosos, lo que resulta fundamental en regiones de clima cálido.
No obstante, sigue siendo fundamental realizar un análisis de los costos y formular las dietas con cuidado para garantizar la viabilidad económica de la suplementación con lípidos en los sistemas de producción, tanto de ganado lechero como de carne. Es crucial tener en cuenta factores como la fuente de grasa, el nivel de inclusión y la estabilidad durante el almacenamiento, con el fin de maximizar los beneficios y evitar posibles inconvenientes, como el deterioro de la función ruminal o la reducción del consumo de materia seca.
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